15 Abr 2020

Las heroínas de Industrias Santa Coloma

Una emergencia sanitaria sin precedentes está poniendo a prueba nuestra sociedad. Cada día a la misma hora, 20.00, nos asomamos a los balcones y ventanas de nuestras casas para rendir un merecido homenaje a quienes están trabajando en primera línea en el mundo sanitario o en el sector servicios. Héroes y heroínas anónimas que en Industrias Santa Coloma tienen nombres y apellidos. Buena parte del equipo femenino de nuestro club está dando la cara todos los días desde sus diferentes ocupaciones laborales.

 

 

Varias jugadoras del femenino de Industrias Santa Coloma trabajan en el sector sanitario y de servicios y están viviendo muy de cerca esta pandemia.

Maribel Sepúlveda, 30 años, lleva 11 temporadas en nuestro club trabaja en un hospital en atención telefónica. Su día a día es menos duro que el de muchos de sus compañeros y compañeras (médicas/os y enfermeros/as)  pero  “es una situación difícil de controlar porque todos empezamos a estar agotados mentalmente”  y añade que lo que peor lleva  “es no poder atender todas las llamadas ya que hay momentos en que las líneas están colapsadas y a veces sufres impotencia cuando no puedes facilitar toda la información a pacientes o familiares”.

 

Maribel 

 

El momento de mayor angustia lo lleva consigo misma cada vez que se levanta para ir a trabajar por el temor a contraer la enfermedad  y a la vez la imposibilidad de estar y disfrutar con su familia. Al mal tiempo buena cara “intento llevarlo de la mejor manera posible” y considera desde su experiencia que esta crisis “saca el lado bueno de las personas. Las diferencias quedan a un lado y todos y todas intentamos ayudarnos”.

 

Sandra Alegre tiene 23 años, 10 de los cuales vistiendo la camiseta de Industrias Santa Coloma. Es auxiliar administrativo en el servicio de urgencias de un centro que atiende a personas con problemas respiratorios derivados de la COVID-19. Se sincera “desgraciadamente hay gente que aún no entiende la gravedad de la situación y sigue acudiendo a urgencias por problemas que perfectamente podrían asumir sus médicos/as de cabecera.”  Para Sandra esta pandemia nos obliga a una primera reflexión “valorar las cosas que antes no parecían tener importancia. El estatus, las ideologías y banderas ya no nos hacen tan diferentes ante un problema de esta envergadura” y reclama  “la labor de todos y todas las profesionales  que están luchando contra esta pandemia directamente o indirectamente, está infravalorada.  Que todo esto cambie dependerá de toda la sociedad.”

 

Sandra 

 

A sus 20 años, Luna Martínez que lleva una temporada en nuestra entidad, trabaja en una residencia de la tercera edad, uno de los grupos de riesgo más castigados por el coronavirus. Confiesa que la principal dificultad a la hora de ejercer su profesión “la encuentro a la hora de mantener las distancias de seguridad. En nuestro caso es imposible con personas mayores que son dependientes, el contacto es inevitable”. Ha vivido con tristeza el aislamiento de muchos residentes y con alegría la llegada de material de protección que les ha permitido atenderlos adecuadamente.

 

Luna

 

La primera lección de esta crisis “es que podemos vivir de otra manera como sociedad. Lo material no es tan necesario” y no es demasiado optimista sobre la vuelta a la normalidad “lamentablemente la gente tiende a olvidarse de las cosas que durante este tiempo se están consiguiendo. Si bajamos la guardia, no mantenemos el distanciamiento social y no seguimos con las medidas de higiene,  volveremos a tener problemas” y termina con un mensaje claro y contundente  “nos tenemos que cuidar para seguir cuidando nuestras familias, nuestra ciudad y nuestro mundo”.

 

 

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